Historias
 
 
Alfredo, argentino
Llegó en 1975 a Madrid, y vive en Barcelona desde 1979, luego de pasar por Málaga y Costa Rica.


La ida de Argentina, año 1974
La llegada
Los documentos, la legalidad
El trabajo
La imagen de los argentinos
Cómo ven los españoles a la gente de América Latina
Las relaciones personales, los códigos de comunicación
Contexto de relaciones hoy


Alfredo

 
 



La ida de Argentina, año 1974

řIrme de la Argentina? A mí no se me ocurrió, se les ocurrió a otros. Yo no había pensado jamás irme de Argentina, no solamente no lo pensé sino que si dos días antes de irme me decías si me quería ir, yo te decía, vos estás loco, jamás, para qué me voy a ir de la Argentina? Entonces la cosa fue así, de 24 horas, que me tuve que ir, me tuve que ir porque mataron la Triple A a un íntimo amigo y compañero mío, lo mataron estando conmigo, no en el momento que lo mataron, sino que íbamos, él era un periodista, Pedro Leopoldo Barrasco se llamaba, caminando hacia una casa, iba caminando con él, y cuando llegamos a la casa que había un cumpleaños, ahí por la calle Sarmiento, de Buenos Aires, él me dice, me voy a comprar cigarrillos, a la una de la mañana, íbamos tres, un tipo Carlitos, un tipo muy jovencito, y yo, y se fueron a un quiosco de Corrientes, y en el trayecto los secuestraron, a los dos, y a las 48 horas aparecieron muertos.
      
 
Y yo trabajaba en la Municipalidad de Buenos Aires, se suponía que el gobierno de Cámpora nos había puesto para sanear la Municipalidad, y estábamos amenzados por el Lopezrreguismo como el mando de la municipalidad, estábamos amenazados, nos decían que si íbamos a trabajar nos mataban, etc., en el ´75, con Isabel de presidenta.

Entonces estaba clarísimo que si me quedaba, me mataban. Entonces fui, hice mi maleta, me fui a Brasil, no tenía docuentos, estuve ahí unos días porque la policía no me quería dar los documentos, me decían que fuera a buscarlos, yo mandaba a decir que ni se me ocurría, finalmente con un abogado los conseguí, y me tomé un avión, y me vine a España.

No pensaba irme, no tenía la menor idea de irme, y estando acá estaba con la idea de que volvía en cualquirer momento, prácticamente ni desarmé las maletas, dije bueno, si se soluciona más o menos lo de Isabel, el lopezrreguismo, y vuelvo. Cuando vino el golpe del 76 tuve claro que para un tiempito más tenía.

Llegué a Madrid. Estuve muy poco tiempo a Madrid, me fui al sur, en Málaga, estuve dos años y medio, y volví a Madrid, de Madrid me conseguí un trabajo en Costa Rica, que fue montar los servicios informativos de una radio, y de Costa Rica volví en el 78 a Barcelona.

En Buenos Aires trabajaba de periodista, de todas maneras, fundamentalmente lo que hacía era militar políticamente, como periodista trabajé colaborando en diversos medios, en La Opinión, Primera Plana, después hice mucha prensa política, dirigía un órgano de la Juventud Peronista que se llamaba Patria, saqué junto con este compañero Barrasa boletines y diarios...

Estuve desde que sube Cámpora, desde mayo, junio del 74 hasta octubre del 75, ahí me fui. Me fui el 16 de octubre, un día antes del 17 de octubre. En la Municipalidad estaba en la Dirección General de Inspección General, se llamaba así.

Era el organismo encargado de toda la inspección, sanitaria, de bares, de sistemas de todas las reglas municipales, de dirigir al cuerpo de inspectores, entonces Cámpora nombra a un grupo de gente, porque este siempre fue de los cuerpos más corruptos de la Municipalidad, no sé si sigue siendo, es el famoso caso del inspector que entra, y le dicen, sí señor inspector, mire qué barbaridad, hay cucarachas en la nevera, sí señor inspector qué podemos hacer, bueno, ya se irán, ya se irán, y le daban una coima por debajo, se suponía que teníamos que sanear el cuerpo, y no sólo no saneamos el cuerpo, sino que nos echaron a tiros a todos.

Cuando vieron el dinero que se movía en coimas, el jefe máximo de la dirección general de inspección, nombraron a un lopezrreguista, y coimeaban al tipo, y ya me dirás qué hacíamos nosotros, teníamos que combatir la corrupción;, y el nuevo jefe nos ataba las manos.

Un día tuve la ocurrencia, con Cámpora, en el 74, que sabotearon al gobierno, y hubo un grave problema de desabastecimiento. No había azúcar, entonces el gobierno de Cámpora sacó una ley diciendo que todos aquellos que se los encuentre con mercaderías que no sacaban a la venta, para producir desabastecimiento, se los expropiara y se vendiera en puestos en la calle. Por ejemplo, no había aceite, o el que había era carísimo, pero era porque había tres o cuatro acaparadores que no querían vender. Conseguían saber dónde estaba, y se ponían puestos en los barrios, y la gente compraba muy barato el aceite.

Entonces hubo una época en la que no había azúcar, no se conseguía por ninguna parte, y a mí me tocó inspeccionar la Coca Cola, en la fábrica que había en el barrio de Barracas.

Bueno, voy, y hago la inspección, estaba todo bien, fantástico, todas las fechas bien, las estanterías, todo bien, el gerente me paseaba, y yo veía que había todo un ala de la fábrica que el gerente me paseaba y no entrábamos, íbamos para arriba y para abajo y no entrábamos ahí.

Entonces antes de ir y firmar, me dicen, bueno, todo bien inspector? y yo digo, quiero entrar ahí, y me dicen que no tenían la llave, entonces yo llamo a la policía, porque yo tenía facultades para pedir que se abriera todo lo que quisiera ver, y podía llamar a los bomberos, a la policía, yo tenía que entrar, entonces, agarro el teléfono, y de repente la llave apareció, y era un galpón de cien metros de largo por 80 de ancho, todo lleno de bolsas, una arriba de otra, todo lleno, y pregunto y eso qué es?, no bueno, no... y eran bolsas de azúcar, y pido la autorización para tener todo eso ahí, no, pero bueno, clausuro.

Llamo a la policía, para que pongan la faja, llamo a los camiones para que carguen todo el azúcar, termino de hacer eso, me voy caminando a la Municipalidad a entregar mi informe, y me están esperando en la puerta, para ir al despacho del jefe, y me dijo, qué hizo? Cómo qué hice? Ví cientos de toneladas de azúcar, no hay azúcar, pero cómo se le ocurre??? me dijo. Claro, en el camino en el que yo iba hasta allá hablaron con el tío. Y me dijo que levantara la clausura, no dije yo, levántela usted, yo no levanto nada. Claro, él no se quería mojar, bueno, como eso, todo.

Llegó un momento en que íbamos por los ascensores, y en la jefatura de la inspección general que estaba en el último piso, que estaba todo copado por la gente de López Rega, de las tres A, y bajamos con otro tipo, y todos nos miraron así, y se abrieron el saco, y tenían las pistolas, las ametralladoras, y nos decían vos sos el próximo... Entonces yo sabía que era en serio que me podía pasar lo mismo que a Pedro, entonces me fui de mi casa, dije me voy, sin pensar, me voy, me voy, agarré la bolsa, y me fui a Brasil, porque no tenía documentos pasa irme más lejos.



La llegada
Y la decisión de España fundamentalmente porque... el idioma. Es que descarté América Latina, porque ya se veía que los países limítrofes estaban con los mismos problemas, me hubiese encantado quedarme en Uruguay, pero ya se veía que en esos lugares era como quedarse en Argentina, la posibilidad que también pensé fue México, pero al final decidí no, me vine a España, sin conocer absolutamente a nadie, no conocía a nadie.

Yo llegué en un momento en España, haber, yo por un lado llegué con Franco vivo, lo cual la situación en España era, el fin de la dictadura, y se notaba el franquismo en la calle, en la gente, Madrid era un pueblito, en todo, se notaba en cada cosa para vivir.

Cuando yo llegué, vos alquilabas un piso en Madrid y no te daban la llave de abajo. Había lo que se llamaban los serenos, eran gente de la falanje, que en general era un mutilado de guerra de la Guerra Civil franquista, que tenía a su cargo una manzana, entonces vos para entrar a tu casa tenías que aplaudir, a la hora que fuera, a las dos, tres de la mañana, venía el tío y te abría, era una forma de control, en las casas estaba prohibido entrar con gente que no viviera en tu casa.

Una vez me toca el timbre el jefe de la escalera, que era como el jefe del piso, del edificio, y me dice que yo a la noche entro con mujeres que no viven en la casa, y a usted qué le importa? Le dije yo, en mi casa entro con quien quiero, y él me dijo que no era así, que me podían echar. Hacíamos una reunión de cuatro o cinco y tenías que ir a la policía para avisar que ibas a invitar a comer a cuatro o cinco, porque sino, el sereno no dejaba pasar a nadie. No, el franquismo se sentía.

El sereno por ejemplo, porque yo trabajaba siempre de noche, siempre trabajé de noche con una Elecktra portátil en mi casa, y una vez el sereno me dice, y usted qué hace toda la noche con la luz encendida? Qué le importa, no? Pero él informaba a la policía, de todo, con quién entrás, a qué hora, qué hacés, y eso era el control férreo del franquismo de esos años.

A los meses que llegué yo fueron los últimos fusilamientos del 75, meses antes de morir Franco, cuando fusilan a los etarras, tres o cuatro, que fusilaron, o sea que era el fin pero... lo que pasa es que yo conocía bastante la historia por la relación que tenía con los republicanos en Argentina, con muchos anarcos que había en Argentina, con gente de la facultad, y además porque a pesar de eso, Franco en relación a América Latina, con los grupos de oposición, los dejaba, pero ni se te ocurriera hacer nada, si yo hubiera hecho algo, venía la Guardia Civil.

Una vez vinieron a mi casa y me dijeron, usted, la primera que hace, fuera del país, así que calladíto la boca. Bueno, yo ví poco tiempo después de llegar yo a un compañero, Cacho El Kadri, vivíamos juntos con él, y se le ocurrió hacer una declaración en el periódico. Al otro día tocó el timbre la guardia civil, y lo agarró del forro del culo, y lo puso en la frontera con Francia. El control era fuerte.

Yo el único miedo que tenía era que me mandaran para allá, después no tenía mucho miedo. Ya después cuando se entró a deteriorar mucho Isabel, y entraron los militares, a mí como a muchos otros nos abrieron una causa penal que estuvimos sin poder ir a la Argentina durante 20 años. Tenía miedo, de eso tenía miedo, no de acá.

Además yo me relacioné rápidamente, por el trabajo, con gente de periodismo, con la revista Triunfo, que era una revista que existía muy conocida por ser un ámbito libertario, aún dentro del franquismo, todo se entendía sutilmente, no decía que era antifranquista, ni nada, pero era digamos donde escribían los Vázquez Montalbán. Entonces ahí conocí yo a la gente que estaba en la clandestinidad, del antifranquismo, aunque ya empezaban a asomar cada ve más la cabeza, porque Franco ya se moría, estaba que se moría, entraba y salía del hospital.

El día que murió Franco por ejemplo, me fui a ver si era cierto, a la cola es que se formó para ver el cadáver de Franco, y me encontré con todos los tipos de la oposición clandestina, que iban todos serios, no se podían reir, porque estaba lleno de policía secreta, había miles y miles de personas, en la cola para ir a llorarlo a Franco, había mucho franquista, ahora no, pero en ese tiempo había mucho franquista... me encontré con toda la plana mayor del PC, del partido socialista, todos en la clandestinidad, para corroborar que efectivamente se había muerto, y estaba muerto. Entonces sí, había un margen, si no hacías nada, pero sí hacías declaraciones contra Isabel, o luego contra los milicos no podías hacerlo, pero sino, podrías hacer lo que quisieras. En la transición sí, hasta era bien visto que hicieras declaraciones.



Los documentos, la legalidad

Cuando llegué no existía la figura del refugiado, me dieron visa de turista, con lo cual, no existió durante mucho tiempo, recién existió en el 77, yo tuve el número 2 de refugiado político...
      
 
El número 1 lo tuvo Eduardo Duhalde, el periodista y abogado, no el exvicepresidente de Argentina. Era el 1, que se refugió, y una hora más tarde llegué yo. No tenía documento yo, porque me habían retirado el pasaporte. Sólo tenía el carnet de conducir, luego apelé, y cuando asumió Alfonsín me dieron el pasaporte en el consulado.

Me moví con el pasaporte. Hasta Costa Rica me moví con el pasaporte argentino, cuando volví con el pasaporte, con Isabel me lo renovaron, pero después, que se me venció, a mediados del 76, los milicos no me lo renovaron.

Durante muchísimos años estuve con la idea de que me iba enserguida, hasta el 78, en que ví que no eran dos días. Yo creo que a partir del 78 ví que iba para largo, que tenía que dedicarme a estar aquí, a instalarme, ya en Barcelona.

Cuando llego a Barcelona una de las primeras cosas que hago es fundar la Casa Argentina, y el objetivo fundamental de la casa era la lucha contra la dictadura, la denuncia de la dictadura. Con el viejo Tiffenberg, con Ricardo Carpani la fundamos. Por un lado me dedico a eso, una activa participación en la denuncia. Después fundamos la CAI con Gustavo Roca, Ricardo Lago, vamos con la CAI a Ginebra cuando se hace la primera declaración en la Onu contra los militares cuando se hacen las primeras denuncias de los desaparecidos, se armó un follón...! Después de eso a todos nos pusieron una causa acusándonos de traidores a la patria, y no podíamos volver a la Argentina.



El trabajo
Y de trabajo, al principio, cualquier cosa como siempre. Encuestas, vender libros...

En una época, como todo argentino que llega a España se le ocurren ideas brillantes, entonces uno va así y se da cuenta de que los cines no tienen programa, entonces pensamos que si hacíamos los programas nos llenábamos de guita, y luego nos dimos cuenta de que si no tenían programa por algo es, la gente no quería programas. O las farmacias no tienen carteles de turno luminosos, entonces vendía carteles luminosos a las farmacias...
      
 
Esas cosas que uno hace... pero bueno, todo ese tipo de cosas. Y periodismo en paralelo, lo que pasa es que no era fácil, pensá que en la época franquista había dos canales de televisión, y había la prensa franquista, luego ya empieza a aparecer prensa, pero de a poco, y eso es cuando empiezo a trabajar en periodismo.

En Barcelona sale una revista Interviú que la crean y la hacen prácticamente argentinos. Muchas de las revistas del principio del Grupo Zeta las hacen argentinos, periodistas argentinos, empiezo a colaborar en El periódico de Catalunya, en La Vanguardia, en Interviú, yo empiezo a hacer cosas de prensa tipo boletines barriales, de asociaciones, empiezan a aparecer las primeras ONG, que no existían hasta ese momento, eran asociaciones, organizaciones, que necesitaban boletines.



La imagen de los argentinos
Era una época en la cual llegando, el ser argentino era una curiosidad bien vista, un poco distinto a lo de ahora.

Lo teníamos más fácil con la gente de acá, uy! argentino, qué bien, háblame un poco, que suena tan dulce... hasta que empezaron muchos a hacer cagadas, y ya no era tan fácil.

Aquí ha venido mucho gente, por muchas causas, por causas políticas en una época, y luego por causas económicas en las siguientes, después del 83 digamos. Y ha venido de todo digamos, y ha venido mucha gente que se mandado muchas cagadas...

Yo por ejemplo, tengo una amiga en Madrid, que venía un argentino, y no tenía dónde estar, entonces ella lo acogió en su casa, era amigo de amigos, y lo tuvo en su casa, y se enrrollaron, y ella se fue a trabajar fuera, por trabajo, y cuando vino había desaparecido el argentino y el piano.
      
 
Esa señora no habla muy bien de los argentinos, aunque tiene amigos argentinos, y sabe distinguir, la verdad es que no se quedó muy bien con la historia. La resistencia la tienen, eso, como la gente que le dejabas la casa y te encontrabas con 300.000 pesetas de teléfono, porque extrañaba a su familia, muchas así.

No existía el problema de la inmigración masiva, el temor que hay ahora, de que peligre su trabajo, no existía el problema de que viniera gente, al contrario, se iban los españoles. A quién se le ocurría venir a España? A un loco que no tuviera a dónde ir, a uno que se estaba escapando, te ibas mejor a Francia, a Alemania, a Suecia, ahora se juntan los problemas que crearon cierto nivel bajo de inmigración, con que España se ha convertido en un país de entrada de inmigrantes, sobretodo de áfrica. Y ves que hay pueblos en los que están corriendo a hachazos a los inmigrantes, porque creen que les quieren robar el propio trabajo.

Acá, en Barcelona, que se necesita gente, pero en Andalucía, que hay un nivel de paro más alto, pero en el resto del España, a nadie le quita un puesto de trabajo un inmigrante, y si se lo quita, es en trabajos que los otros no quieren hacer. Yo lo veo por el restaurante, pongo un anuncio para trabajar en el lavaplatos, un trabajo duro, cinco horas al mediodía, cinco horas a la noche, es muy duro, tenemos un lavaplatos industrial, hay que estar sacando y metiendo platos todo el tiempo, y yo pongo un anuncio, y vienen 50 personas, y no viene ni un español, ni uno. Todos ecuatorianos, magrebíes, argelinos, peruanos, brasileros, pero sin exagerar, no viene ni un español, para camarera, pongo un anuncio y aparecen dos, pero para lavaplatos o ayudante de cocina aparecen sólo inmigrantes.

La imagen de los argentinos, fantástica, hay una cosa que caló mucho en la gente durante el franquismo, la ayuda de Perón y Evita con la gente que se estaba muriendo de hambre, pero literalmente muriéndose de hambre. Entonces claro, venían los barcos con maiz, carne, cereales argentinos, no había pan en España, entonces decían éste es el pan que traen los argentinos. Entonces vino Evita, y salió al balcón en la Plaza de Oriente en Madrid, y juntó a dos millones de personas, por eso, al lado de Franco, claro, no era Castro, pero la gente se acuerda...

Una vez me encontré a una diputada del Partido Comunista, murió hace poco, muy mayor, que la conocí, me la presentaron, y me abrazaba, lloraba, no la conocía, ella solamente sabía de mí que era argentino, y que venía escapado de Argentina, y la tía me cuenta que a ella la iban a matar, junto con otros comunistas y anarquistas, en pocos días, cuando Evita salió en la Plaza de Oriente, y no sabe cómo, a través de un guardia, su madre le hizo llegar a Evita una carta, en la que contaban cuál era su situación.

Esto fue por el año 48, 49, 50, cuando vino Evita acá, entonces, Evita se le paró a Franco, y le dijo, escuche, usted conoce a esta señora? Usted está loco? Va a fusilar a una mujer? Bueno, le armó un escándalo, y no la fusilaron, por ser mujer, porque Evita pidió por ella por ser mujer, y pasó 17 o 18 años más encarcelada y salió, y ella me decía, a mí me salvó Evita.

ésa es la historia del trigo, de la carne, aquí quien más quién menos, tenía un pariente en Argentina, y los españoles que vivían en Argentina, mantenían a familias enteras en España con lo que les mandaban, vivía todo el pueblo, si mi abuelo, que yo fui a ver su pueblo en Galicia, del que se había ido a los doce o catorce años, con tres hermanos, él era el menor, se morían de hambre, por eso se fueron, literalmente no tenían qué comer, tenían una vaca a la que le exprimían hasta la última gota... y vivían toda la familia con la guita que les mandaban los que se habían ido, el abuelo lustraba zapatos en una tabaqueria, y después se pudo comprar la tabaquería. Mi abuelo se fue en 1885 u 86.

Entonces acá la gente te decía, ah, no conocés a mi primo, que tiene un bar en Rivadavia 4600? Así te recibían, éramos pocos. Y hoy, por un lado está todo lo que ha pasado en Argentina, la dictadura, todas las historias ciertas que han dado una imagen medio desastrosa de la vida y de la política en Argentina, el hecho de que se repita sin cesar este lugar tan común de decir, no entiendo cómo en un país tan rico estén cagándose de hambre, es un lugar común, pero es cierto. Todos te lo dicen. Yo creo que la imagen hoy de Argentina deja bastante que desear, y de los argentinos también.



Cómo ven los españoles a la gente de América Latina
No se puede hablar de Latinoamérica así como una imagen, porque en general, no sé, por ejemplo, el cubano tiene una buena imagen en general, el peruano no así, está toda esta historia de los afanos en las rutas, de los atracos en las carreteras, uno no puede decir que todos los peruanos son igual, en Barcelona, quien más, quien menos, cualquiera que va para la Costa Brava, o le robó un grupo de peruanos, o lo intentó , y cuando vas por la autopista, aparece un grupo de gente que te dice, por favor, ayuda, y si parás, cagaste, te roban, tenés que seguir, eso le pasó a todo el mundo, te vacían, esto hace ocho, nueve, diez años, entonces meten en cana a cincuenta peruanos, se habla mucho de los peruanos, quinientos kilos de oro encuentran, relojes, todo lo que van robando.

Colombia tiene una imagen que es la droga, la coca, la violencia, parte de cierto hay en que toda la droga viene de Colombia, pero no toda, este... pero y después los colombianos, el nivel de violencia, el otro día leío en el diario que un colombiano mató a dos o tres en Madrid, tiros, cuchillazos...

Los medios evidentemente utilizan eso para unir inmigración con criminalidad, hay una base cierta, es evidente, debida en gran parte a que Colombia vive en gran parte de la droga y de la violencia, y en eso están metidos entonces gran parte de los colombianos, cuando vienen aquí muchos son traficantes, entonces los medios los utilizan, un colobiano tal cosa dicen los medios, un colombiano asesina, no dicen uno de palma de mallorca mata a martillazos a una nena, no, dicen mataron a martillazos a una nena, y después por ahí te enterás que es en Palma de Mallorca, eso ya está sesgando la historia. Creo que la prensa utiliza bastante esto.

Los españoles, la gente de aquí a veces se siente muy identificado, y yo me encuentro con gente que ha tenido experiencias complicadas. Lo de la inmigración, sale mucho, el otro día, hace veinte días, en el baño de mi restaurante, la chica que limpia me dice, Alfredo vení, en la puerta del baño con letras así de grandes, "argentinos, por qué no os volvéis a vuestro país"? En un restaurante al que va gente toda muy joven, muy "progre", y donde nunca nadie me ha dicho ni me ha puesto una mala cara, en dos años que estamos.

Y hace una semana vino un tío a comer con su mujer, se sienta en la terraza y come, y entra de golpe el camarero, y me dice, el que estaba sentado en la mesa tal, se va sin pagar, lo voy a correr, claro, el camarero lo sale a correr porque si es una mesa que está atendiendo él, si se van sin pagar, él lo tiene que reponer a la caja, y lo corre, y el tío, un catalán, con su novia, o su mujer, una chica de 28, o 30 años, se van corriendo, el camarero los alcanzó, tres calles más allá, porque el tío era un poco gordo, y se cansó. Y le dice, te fuiste sin pagar, y el tío le dice, ah, es que como no venían... cómo no venían, te llevé la cuenta, y te levantaste.

Entonces el tío viene al local, el camarero entra con una tarjeta de crédito, y me dice, lo encontré. Bueno, acá está la tarjeta, le cobro, y voy a que fire el papelito el tío, y le digo, qué tío, hay que correr lejos para que tú pagues, eh? Sabes lo que me contesta el tío? No, es que yo aprendí de los argentinos, ustedes se van siempre sin pagar de todos lados... Le digo, no te doy una hostia, andáte. Viene a comer a un restaurante de argentinos, come bien, cómo se les va a ocurrir hacer algo así? Quería matarlo, me tuve que contener para no pegarle. En dos años, en los últimos quince días pasaron estos dos episodios.

Yo creo que tiene que ver, como me dice una amiga catalana que tiene una galería a 100 metros, y me dice, si tú supieras, ella está mucho en el barrio, en el Borne, es una tía importante en el barrio, si tú supieras la rabia que le da a la gente de aquí, a los comerciantes de aquí, lo bien que les va a ustedes, el comentario es ése.

Y yo no entiendo, el problema es que el restaurante éste por suerte está todo el día lleno, desde que se abrió, entraron cien pesonas, por poco nos morimos, hasta el día de hoy, siempre lleno, entonces a la gente de alrededor, a los comerciantes, les entra la mitad, y trabajan la mitad. El comentario es "vosotros los argentinos, qué listos, os estáis llenando de dinero". Si me va bien, qué suerte, si yo fuera ellos, pensaría, más bien, qué tengo que hacer yo para que me entre tanta gente como a él?



Las relaciones personales, los códigos de comunicación
Yo quizás, por la época en que llegué, el momento en que llegué, como era exilado como pocos en esa época, en el 76 empezó a llegar más gente, en esa época éramos pocos los que empezamos a denunciar a los milicos, ni bien murió Franco éramos pocos, cinco literalmente, Cacho El Kadri, Eduardo Duhalde, Gustavo Roca y Carpani, nadie más, y estábamos todos los días en la radio, la televisión, escribiendo artículos, muerto Franco.

Entonces la gente, en medio de la transición, nosotros nos identificábamos con todo eso, era una cosa común esto de estar saliendo del franquismo, y nosotros denunciábamos algo similar al fransquismo, nunca sentí rechazo, más bien, siempre sentí solidaridad total, al contrario, ayudas, colaboraciones, el que podía te ayudaba.

A nivel relaciones personales, están las dificultades de los distintos códigos, entonces yo veo que existe cierta dificultad en relacionarse con la gente, y depende del lugar más o menos, para mí, yo veo que

...para mí es más fácil, me fue más fácil relacionarme con un gallego, con un madrileño, con un andaluz que con un catalán, más fácil con un vasco que con un catalán, en general, son códigos distintos...
      
 
En general creo que los argentinos tenemos problemas de relación con todos, con unos más, con otros menos. Se debe a que tenemos códigos de comunicación, del sentido del humor, las experiencias, hasta una cosa que no es exactamente una rapidez mental, pero que los códigos te dan algo, con vos, que sos argentina, te miro, no nos conocemos, pero me entendés, con los españoles no sucede esto fácilmente.

A un catalán le explico veinte veces un chiste, y no lo entiende, pero porque no hay traducción en su código para lo que para mí es un chiste. Al principio fue muy difícil.

Cuando recién llegué a Madrid, me alquilaron una porquería, un cuchitril frente a un mercado, y no sabía qué hacer, un día salgo desesperado a la droguería de abajo, y le digo a la señora, mire, yo no sé qué pasa, el canilla pierde y el calefón no anda, y la gallega me dice, qué??? Se me queda mirando, sí, la canilla pierde y el calefón no anda, usted no sabe dónde puedo encontrar un plomero por acá? La tía me dice, la canilla, qué le pasa en las canillas? Y el plomero, quiere que le metan plomo dónde? Era el grifo pierde, y el calentador no funciona, no tiene un fontanero para que lo arregle? Yo creía que ellos me estaban cargando, y yo decía, si yo hablo castellano como ésta, pero no, y me costó mucho, hasta que alguien subió a casa, y me dijo, ah! El calentador, hombre!
      
 
Y a nivel trabajo, los primeros artículos que escribía, el editor me decía, ostia! Pero qué dice aquí? Y yo había intentado hacerlo lo más gallego posible, y me decían hostia, pero qué dice aquí? Y yo me había matado para hacerlo lo más gallego posible.

Los giros, no sé cómo hice, y agarrando al primer amigo que tuve, que lo maté, cómo se dice esto, qué pongo aquí, y él tenía una paciencia enorme, te lo explicaba, el verbo no lo pongas así, anda, no andá, y así.

Ahora es más fácil porque ahora la gran inigración latinoamericana ha cambiado mucho las cosas, ahora se usa el pibe, la pibita, en Madrid, se dice, mi pibita es mi mina, vos decías pibita cuando llegué, y no entendía nadie, o se saludan diciendo chau, que es nuestro... además, hay cantidad de gente que escribe en la prensa que por más que se hayan reciclado te das cuenta que son argentinos.



Contexto de relaciones hoy
Hoy, y llevo ya 24 años en España, me sigue siendo más fácil relacionarme rápidamente con argentinos y argentinas, a los cinco o diez minutos, puedo estar entendiéndome muy bien, cayéndome muy bien o muy mal, porque sólo por el hecho de ser argentinos no me van a caer bien...

Con los demás es más trabajoso, no es que me cueste esfuerzo, pero es más trabajo, lo hago muy naturalmente, tengo amigos y amigas catalanes, me he relacionado siempre muy bien, tuve una hija con una gallega...

Pero yo fui a Argentina después de 24 años de no poder ir, hace dos años, yo llegué y me encontré con un país que era otro, toda esas historias, pero bueno, pero yo llegué, y me encontré con mi familia, y todo el rollo, comimos, charlamos, me fui a dormir porque estaba reventado, y al otro día, era diciembre, calorcito, no sé qué, salgo, en Palermo, donde viven mis viejos, y eMpiezo a caminar por Santa Fé, hasta Plaza San Martín, llorando, uy Corrientes, uy Pueyrredón, uy qué mierda lo que hicieron, bueno, toda estar historia, y hacía 24 años que no iba, y estaba en Carlos Pellegrini y Santa Fe, y yo lloraba, y de repente siento una voz atrás que me llama, Palito!, que es el nombre con el que me llamaban a mí, Palito! Y me doy cuenta de que era un chico que yo conocía de Barcelona, un bandoneonista, fantástico, que hace un año se había ido de Barcelona, y al segundo día me lo encuentro, Pablo Magnetti.

Ya a los dos días, es como si no me hubiera ido nunca, iba en el coche que me prestó mi sobrina, y ya iba a las puteadas, "te voy a reventar, colectivero de mierda, la reputa que te parió", y así, como si no me hubiera ido nunca, 24 años más tarde, son cosas que seguramente, no sé, si hubieran pasado 30 sería lo mismo, y me encontré con gente que no veía hace 24 años, con la que no me había escrito nunca, y que nada, a la media hora, después de abrazarme, llorar, estábamos sentados en un café, o en la casa de él, y era como si hubiera estado ayer con él.

Tengo pensado volver, Sí! A quedarme? No, no creo. Yo me hubiese ido en el 83, lo intenté, hice todo, hasta las valijas tenía hechas, pero no pude. Hasta hace dos años no pude ir, me abrieron los milicos una causa por traición a la patria, y otras cosas así, y la causa no se termina de cerrar, que se cierra, que la reabren, están todos rompiendo las bolas.

Ví a Alfonsín, me dio el pasaporte, qué sé yo, hice las valijas, nos íbamos con mi hija, con la gallega, y después de eso, mi hija se hizo grande, no se la podía llevar a la madre, que estaba acá, ya estábamos separados, ella tenía que seguir creciendo en el mismo lugar, en el 83 estaba viviendo con las dos, ahora a la gallega ya no la puedo agarrar, y la nena ya tiene 20, así que ya decidirá ella qué hace, hará su vida, pero ella viaja todos los años a la Argentina, todos los meses de diciembre se va. Yo tengo el sueño de jubilarme en mi país, siempre pensé en jubilarme en la Argentina, pero hay que ver cómo van las cosas.